[OPINIÓN] “El factor miedo”, por Juan Carlos Suárez Revollar

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

En la historia de las campañas políticas acaso la más sucia es aquella que apela al miedo. Es fácil de incitar y puede ser muy eficaz en un resultado electoral. Pero usar el miedo deja también un grave daño en la unidad del país, pues el que debiera ser un mero contendiente político con ideas diferentes se acaba convirtiendo en un enemigo al que se teme y, por lo tanto, se debe eliminar. El miedo al otro, si revisamos el pasado, siempre ha desembocado en violencia y a menudo en persecución y asesinato, dos marcas distintivas de los regímenes totalitarios.

Por eso no deja de ser irresponsable y poco patriótico que el fujimorismo y sus asociados apelen precisamente a este tipo de campaña en una sociedad ya gravemente fragmentada como la peruana. Es todavía más peligroso considerando sus antecedentes autoritarios, pues recientemente no dudó en echar mano de la fuerza para someter a sus rivales y, si nos remontamos a la década del noventa, para secuestrarlos o asesinarlos. Aún si consiguiesen ganar, ¿cómo pretenden gobernar si tendrán enfrentadas a las dos mitades de la población? Cinco años de gobierno nunca bastan para alcanzar esa reconciliación nacional que, tras décadas de usarla para justificar la impunidad, ya carece de significado.

“No deja de ser irresponsable y poco patriótico que el fujimorismo y sus asociados apelen precisamente a este tipo de campaña en una sociedad ya gravemente fragmentada como la peruana”

En esa línea de satanizar al otro, resulta irónico que se acuse de terroristas justamente a aquellos que fueron víctimas ya sea de Sendero o del terrorismo de Estado, y cuya lucha en busca de justicia lleva décadas. La trivialización del terrorismo —otrora, gravísimo y con consecuencias de vida o muerte— proviene precisamente de aquellos que jamás lo padecieron y no tienen heridas todavía abiertas por su causa.

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Por eso incitar este miedo no alcanza a ser convincente salvo para aquellos que no lo vivieron. Incitar el miedo implica exagerar el riesgo, tergiversar la realidad y, más aún, mentir para anular el sentido común. Se vota por temor porque se ha sido engañado. ¿Puede haber algo menos democrático que conseguir el voto a través de la farsa y la manipulación? Es descorazonador que desde hace décadas los peruanos nos hayamos habituado a votar por el mal menor. Pero esta vez la candidata que pretende encarnar al menos malo usa la estrategia del psicosocial para incitar el temor al otro candidato. Y el psicosocial —no lo olvidemos— ya es una marca distintiva del viejo fujimorismo.

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