[OPINIÓN] El fin de la democracia, por Juan Carlos Suárez

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

La democracia es una de esas utopías que suenan bien pero nunca se pudieron aplicar a cabalidad. Y parece que precisamente es en el Perú donde más imperfecciones suele presentar. El voto por convicción ha quedado atrás y hoy elegimos entre dos opciones que no representan a la mayoría de votantes en primera vuelta: la suma de ambos candidatos apenas bordea el 20 % de votos emitidos. Sin embargo la democracia sigue siendo el sistema político que mejor podría reflejar la voluntad popular para distribuir las cuotas de poder.

El espíritu de una elección limpia y democrática requiere del voto informado, libre y sin coacción. Por eso en un mundo ideal las elecciones no deberían estar influidas por ningún agente externo, incluidas las campañas partidarias, pues alteran el libre pensamiento. Es precisamente en las campañas donde estriba el problema porque así empiecen con cierta limpieza y respeto, suelen hacerse rastreras conforme van llegando a su fin. Desde el momento en que la decisión del voto es influida por información falsa o engañosa propalada por una de las partes (o de ambas), todo el proceso pierde su legitimidad democrática.

La campaña de Keiko Fujimori se centró en el miedo por el rival antes que en las propuestas. Y echó mano de mecanismos que rozan lo ilegal, como la promesa de dádivas en la forma de reparto del canon minero o el enrolamiento (o contratación) de ciudadanos extranjeros en supuesto activismo anticomunista. Por eso la segunda vuelta ha tomado un rumbo de divisionismo tan marcado, y posiblemente nos tomará años recuperar la unidad nacional.

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También está lejos de la democracia la falta de equidad de aquellos que por ética debieran ser neutrales en todo proceso electoral. Desde políticos en funciones y empresas hasta ciudadanos extranjeros y medios de comunicación se han plegado a favorecer la candidatura de Keiko Fujimori. Es especialmente oprobiosa la aparición de propaganda de satanización contra Pedro Castillo en forma de vallas y publicidad pagada, sin un autor claro y con el Jurado Nacional de Elecciones en silencio, pese a la evidente violación de la regulación de propaganda electoral.

La campaña de Keiko Fujimori ha tenido su base en la satanización y la mentira para pretender mostrarse como el mal menor. Si algo nos ha enseñado la política es su carácter cíclico: cuanto le permitamos que ocurra hoy será un precedente para normalizar su comportamiento futuro. Esta segunda vuelta ha anulado los estándares que rigen una elección libre y se ha basado en la imposición. Por eso a partir de ahora existe el riesgo de que cada nueva elección ocurra vulnerando el valor democrático de la libre decisión del voto. Evidentemente quien apela al miedo y el engaño para ser elegido no está capacitado para el ejercicio del poder. Nunca olvidemos que esos dos elementos —el miedo y el engaño— suelen ser una marca característica de los gobiernos autoritarios y las dictaduras.

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