[OPINIÓN] “Las encuestas no adivinan el futuro”, por Rober Villalva

Por: Rober Villalva, comunicador

Los políticos son los primeros en opinar al publicarse una encuesta. Si en el resultado salen con buena ubicación destacan la publicación y señalan que es consecuencia del arduo trabajo que realizan con su equipo de campaña. Si las proyecciones no son favorables opinan que no creen en las encuestas y que seguramente fue financiada por sus adversarios.

Claro que hay encuestas que se publican con poco o ningún rigor metodológico. Suelen aparecer con la aparente intención de influir en el proceso electoral, pero más parece que fueron realzados para satisfacer el ego de sus clientes (políticos ingenuos). En esta columna analizaremos la estructura del antivoto de la última encuesta de Ipsos, publicada por el Diario El Comercio (16-05-2021).

Lo primero que debemos puntualizar es que una encuesta no sirve para adivinar el futuro. Su mejor utilidad es que permite tener una lectura del contexto y con ello evaluar la estrategia; es decir, si se tiene alguna. Algunos candidatos, durante la campaña en primera vuelta, consideraron poco relevante el análisis de un sondeo de opinión y pecaron de exceso de confianza: George Forsyth, Yonhy Lescano o César Acuña, que en muchos casos señalaron que la verdadera encuesta será el día de las elecciones. Sin embargo, llegó el día y los votos se fueron en otra dirección.

“No sirve de mucho entusiasmarse o tener actitud derrotista con las proyecciones que se van publicando. Lo fundamental, al analizar una encuesta, es observar la tendencia de cada variable como los negativos (antivoto) o la solidez del voto duro, blando, posible o imposible”

No sirve de mucho entusiasmarse o tener actitud derrotista con las proyecciones que se van publicando. Lo fundamental, al analizar una encuesta, es observar la tendencia de cada variable como los negativos (antivoto) o la solidez del voto duro, blando, posible o imposible. A menudo se confunde el resultado de un sondeo de opinión (telefónico) con el simulacro de intención de voto, cuando ambas tienen metodologías diferentes.

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La consultoría en “comunicación política” sugiere que, si un candidato se acerca al 60% de negativos o rechazo, definitivamente hay que buscar otro candidato. Sin embargo, al comparar la publicación del domingo 16 de mayo con la del 30 de abril, se observa que Keiko Fujimori tiene 46% de antivoto o negativos (bajó 8%); y, por el contrario, Pedro Castillo tiene 42% (subió 17%) de electores que no votarían por su propuesta. Si se mantiene esa tendencia y no ocurre algo inusitado, en pocos días, se revertirán las ubicaciones.

Y, de hecho, si crecen los votos duros (electores que definitivamente votarán por un candidato) significa que la campaña va por buen camino. Si ocurriese lo contrario, como en el caso de Pedro Castillo que redujo su voto duro de 36% a 29%, es que hay problemas en la estrategia. Tampoco se trata de aglutinar más simpatizantes en mítines y plazas para mostrar fotografías en redes sociales.

No es suficiente contar con el voto y aplausos de los militantes, ellos ya están convencidos. Es necesario comunicarse con otros segmentos de la población, y es ahí donde los ataques no tienen mucha efectividad porque es probable que la gente se irá en una u otra dirección.

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