[OPINIÓN] “El terrorismo banal”, Juan Carlos Suárez

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Desde el inicio de los juicios por los excesos cometidos desde el Estado en la lucha contra el terrorismo hay una intención recurrente de reescribir la historia. Es necesario decirlo: Sendero Luminoso y el MRTA fueron un cáncer que destrozó el país y sumieron en el dolor a miles de familias inocentes. En el esfuerzo de las Fuerzas Armadas por enfrentarlos, los civiles acabaron en medio de dos frentes en una guerra que no era suya. Las miles de violaciones de derechos humanos ocurrieron desde ambos bandos. Son principalmente grupos de derecha y extrema derecha quienes han asumido la defensa de las Fuerzas Armadas en su conjunto, como si fuese imposible disociar a los efectivos decentes de esos malos elementos que cometieron delitos y crímenes. Es un grave error mezclar a miles de militares y policías que enfrentaron valientemente al terrorismo con aquellos que, aprovechándose de su condición de poder, abusaron de civiles y prisioneros, una conducta a menudo agravada por el racismo y la complicidad de sus superiores que seguían políticas escritas desde Palacio de Gobierno.

Eso explica el ataque bien organizado y sistemático recibido por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, los lugares y museos de la memoria y hasta esculturas, teatro y literatura que abordan la violencia política. El fin siempre fue la reescritura de la historia, que es más bien la negación de la historia para asegurar la impunidad de cientos de criminales de guerra con el pretexto de la reconciliación nacional. De ahí a acusar de terrorista a cualquiera que piense distinto solo había un paso.

En su afán por debilitar a sus rivales políticos la ultraderecha ha banalizado el término “terrorismo” y ahora lo usa para calificar a gente afín a la izquierda o que simplemente lucha por reivindicar sus derechos. La satanización del otro no tardó en convertirse en terruqueo, palabra vil que rememora una época dolorosa, pero que hoy día ha perdido el contenido de su significación. Su uso se ha agravado por el desprecio, discriminación y racismo, un verdadero trasfondo para la intolerancia hacia quien piensa diferente.

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Los remanentes de Sendero, ya sin su coraza política y hoy como asalariados del narcotráfico al que sirven como guardaespaldas y mercenarios, han recibido gracias al terruqueo mezclarse en el imaginario popular entre millones de gentes de bien. Esa es la mayor concesión que la ultraderecha les ha regalado: quitarles el equivalente de terror, destrucción y muerte.

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