Ashaninkas del Perené aprenden técnicas para mejorar producción de paltos de exportación

Con alrededor de 30 grados centígrados, este es un viernes caluroso en Pichanaqui. Hace casi dos meses no llueve y los árboles de limón dulce, de naranja, las plantas de plátanos y las papayas; los frutales más cultivados en la comunidad ashaninka El Milagro, a 40 minutos de la capital distrital, tienen estrés por falta de humedad. Estrés hídrico, dice el agrónomo Daniel Gómez. Las plantas presentan hojas pálidas y las ramas debilitadas ante el sol. Incluso el kión, protagonista del boom agroexportador de la selva central, ha nacido disparejo, ralo.

Alli mismo, 47 agricultores indígenas se han reunido en un ambiente de la sede del Instituto Redes, en la comunidad El Milagro, para aprender las técnicas de injerto de plantones de palta, un cultivo que están introduciento a su producción agrícola, y que en pocos años se convertirá en una nueva fuente de ingresos. La expectativa es producir paltas con calidad de exportación.

Hasta aquí han llegado jóvenes de comunidades nativas de Pichanaqui y Río Tambo. Larry Casancho, por ejemplo, un joven ashaninka de 19 años, vino de la comunidad de Palomar. Le faltan dos años para terminar el colegio y luego quiere ir al instituto superior que está en la comunidad de Aoti y formarse como agrónomo.

El joven Larry Casancho (al centro) sigue atento las explicaciones del ingeniero agrónomo José Inciso. para el buen injertado de yemas de palta.

“Como estudiante he venido para aprender cómo injertar palta, para enseñar en mi pueblo y ayudar a los demás”, dice. Y describe que en su comunidad “falta desarrollo”. El agua potable está en gestiones. Solo jalamos de un riachuelo a un reservorio y llevamos por tubos. El centro de salud es un botiquín y cuando hay emergencia venimos a Aoti atendernos. Desague, nada. Energía eléctrica sí hay.

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La introducción de paltos a la producción agraria en la cuenca baja del río Perené, en la provincia de Chanchamayo, es reciente. “La palta este año lo estamos introduciendo, para darle diversificación a los cultivos y por el precio que la hace rentable”, explica el agrónomo Daniel Gómez, responsable del Instituto Redes en El Milagro.

Desde esta comunidad, Redes atiende a otras siete comunidades indígenas:  Impitato Cascada, 23 de setiembre, San Francisco de Meritori, Aoti, Palomar, Pamporito y Chamiriari, ubicados en los distritos de Pichanaqui y Río Tambo, asentadas en el valle del río Perené.

Productores orgáncicos de ocho comunidades indígenas del valle del río Perené, se capacitan para mejorar su producción.

Los datos de Gómez indican que un arbusto de palto, de 10 años de edad, produce unas 40 jabas de paltas. Cada palta de 300 a 400 gramos. Una jaba llega a 19 kilogramos y cuesta de 35 a 40 soles. La meta de instalación de plantones que s eha planteado es de 30 hectáreas, a razón de una hectárea por familia.

Hace cuatro años, esta Organización No Gubernamental de Desarrollo, introdujo el limón dulce, en la misma línea de la diversificación de la producción orgánica.

Pamela Ríos Aguilar, de la comunidad de Aoti y estudiante del instituto de agronomía,  es una de las cuatro mujeres que participan en la capacitación. Le falta un año para terminar sus estudios. Las actividades prácticas presenciales hace falta en el instituto, suspendidas por la pandemia. “Estudiamos por WhatSapp nomás”, dice. Su comunidad es una de las pocas beneficiadas con internet rural.

Pero la comunidad de Chamiriari no tiene cobertura de telefonía ni de internet. Carece de agua potable. Otra comunidad alejada es San Juan de Merentori. De allí arribó su exjefe comunal Teobaldo García.

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Un día después, el sábado 21 de noviembre, llovió en El Milagro.

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