Crónica: Cuitas de la ceremonia regional del Bicentenario en Junín

Escribe: Arius Victorio

Y de pronto, la sirena de una ambulancia irrumpió la plaza compitiendo con el discurso del gobernador regional de Junín por la conmemoración del Bicentenario de la Independencia. Minutos antes, Fernando Orihuela había dicho con cierto triunfalismo “en Junín, en estas últimas 24 horas, no ha fallecido ni un juninense producto de la pandemia”. A su frente, fotógrafos y periodistas, confirmaban el banal hecho de que el distanciamiento social era un acto protocolar de difícil práctica en su oficio. La minúscula plaza constitución, la misma que en 1813 había sido testigo de la proclamación de la Constitución de Cádiz, ahora presenciaba la “Ceremonia Regional por el Bicentenario de la Independencia del Perú”, el martes 27 de julio.

Antes, justo después de la misa y el Tedeum, se dio la parsimoniosa caminata de las autoridades desde la puerta de la catedral. Alrededor de la plaza, los transeúntes veían como hombres y mujeres engalanados y enmascarillados, se dirigían al estrado enrojecido que parecía fosforescente por los rayos inmisericordes del sol. Pero lo irónico del escenario no fue su grandilocuente figura, sino las 6 luces traseras y 4 luces laterales que adornaban el recinto de una ceremonia a la luz del día. Este era el brillo del Bicentenario, señores. Minutos después, el homenaje había empezado con un par de drones que, como mosquitos, pululaban bulliciosos entre el protocolo de aplausos de bienvenida a las autoridades.

Siguiendo lo acordado, mucho después del izamiento del pabellón nacional, luego de la develación de la placa del Bicentenario, el comandante general de la Trigésima Brigada de Infantería del Ejército Peruano, general Víctor Huertas Ponce, fue invitado al podio para leer lo que el maestro de ceremonias llamó: “Acta de la jura de la Independencia del Perú”. De pronto, el ánimo centralista de nuestra nación fue evocada por la primera frase del documento: “En la Ciudad de los Reyes del Perú, en quince de julio de mil ochocientos veinte y uno”. La Plaza de la Constitución se inundó de las palabras del cabildo de Lima, a pesar de que mucho antes de la creación de ese documento, desde el sur del Valle del Mantaro hasta la ciudad de Cerro de Pasco, ya se había proclamado la independencia. Pero el acto protocolar manda y en las capitales de las regiones del Perú (el centralismo regional), ese martes, se leyó con algarabía el documento gestionado por Don José de San Martín, el mismo libertador que quería fuésemos una monarquía. En este punto es necesario citar un párrafo del artículo “¿Bicentenario? El año del vacío” del historiador Juan Carlos Estensoro:

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bicentenario-1-1024x683-1208957 Autoridades de toda la región en la puerta de la catedral, luego de la misa y el Tedeum, minutos antes de empezar la ceremonia del Bicentenario.

“A diferencia de la capitulación de Ayacucho, que clausura la autoridad y el tiempo virreinales, no existe una auténtica declaración de independencia que marque un inicio. Quienes toman por tal el acta del cabildo limeño del 15 de julio de 1821 se equivocan o fuerzan los términos. La reunión corresponde exactamente a lo contrario. Es una consulta, pedida por San Martín, ante una declaratoria de independencia que las élites de la ciudad venían postergando desde su entrada a la capital”.

Minutos más tarde, el discurso de orden sería anunciado y el reconocido intelectual Nicolás Matayoshi aparecería en una grabación citando a José Martí “las etapas de los pueblos no se cuentan por épocas de sometimiento infructuoso, sino por sus instantes de rebelión”. Luego empezaría el recuento de sucesos históricos en torno a la independencia: “Y la primera infancia de nuestra patria se fue gestando en nuestra región con la rebelión de Juan Santos Atahualpa en 1742. El discurso alcanzó los siete minutos con algunos torpes cortes de edición, mientras entre los fotógrafos se escuchaba el siguiente diálogo:

bicentenario-4-1024x683-6841055 La Huaconada, declarado patrimonio cultural de la Humanidad, se hizo presente en la ceremonia regional por el Bicentenario.

—¿Qué, de verdad han cortado parte del video de Matayoshi?

—Claro. ¿Quién se va a poner a escuchar un discurso de media hora?

La misma tecnología que le había dado la posibilidad, al señor Matayoshi, de grabar su discurso y quedarse en casa por seguridad sanitaria le quitaba la oportunidad de ser escuchado completamente.

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La cápsula del Bicentenario

Un asustado perro negro había logrado escabullirse entre las rejas que cercaban la plaza. Sorteándose entre el estado mayor de la PNP que, incólume, mantenían la mirada fija, el perro se escapaba de un alférez avergonzado que sintió alivio al ver que el pobre animal corría detrás de uno de los escenarios, el mismo que, días antes, se había caído.

La cápsula del tiempo del Bicentenario fue alzada por dos miembros del Ejército ante las autoridades del escenario principal. Sellada al vacío, guarda 40 objetos de todas las provincias de la región. “Tiene el testimonio histórico vivo de nuestra población”, explica desde el podio el relacionista público Randy Mendoza mientras la enterraban al medio del jardín principal de la plaza. A centímetros de esta cápsula, la placa del Bicentenario dice en letras negras:

“Perú suyu limaykun Junín malkata ishkay paćhak wataman ishpiśhqanchikpita”.

La ceremonia cerró con presentaciones artísticas del infaltable huaylarsh (el antiguo y el moderno) y los Shapish de Chupaca, por supuesto. Pero entre estas dos presentaciones, los Huacones de Mito ingresaron con sus máscaras de madera, sus frazadas de tigre y sus respetables látigos que hacían tronar el suelo. Pensé que, como en Mito, los Huacones impondrían su autoridad subiendo al escenario principal y repartirían buenos latigazos a diestra y siniestra, y concluir con un abrazo fraterno. Pero esta vez no. Fue triste que uno los Huacones no hayan ejercido su acto de justicia.

“Si el gobierno comete un error ahí está el partido para corregirlo”, había dicho como anticipándose al futuro de la política nacional, el alcalde de Huancayo, Juan Carlos Quispe Ledesma, minutos antes de concluir la ceremonia del Bicentenario.

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En la región (Junín), donde nació el partido provinciano que ha logrado poner un presidente de la República, los lápices se han alzado más que cualquier lapicero, olvidándose de que un error puede borrar lo escrito o que por la mano que lo sostiene corren todas las sangres de un país que es muchos países.

bicentenario-5-1024x683-6697643 El gobernador regional de Junín, Fernando Orihuela, declara a la prensa al concluir la ceremonia. Si discurso se enfocó en su gestión entorno a la salud y la lucha contra la pandemia.